Debemos
entender que las emociones son violencia
contra nuestra mente. Las emociones son
correctas en los niños, pero a partir de los once años, que es la edad en la que empezamos a comprender las cosas
complicadas de la vida, a ver la vida con realismo y no con sentimientos,
debemos sujetar las emociones y darle un lugar alto y especial a todos nuestros
sentimientos puros.
Lo primero que
deberemos aprender es a hacer una diferenciación clara entre emociones y
sentimientos.
Las emociones
son una fuerza de poco tiempo de duración.
Los sentimientos son una parte más íntima, más profunda, que no
corresponde tanto a las circunstancias, como a nuestra identidad. Las emociones siempre serán más intensas que
los sentimientos puros. Al identificar
sentimientos de igual intensidad que las emociones evidenciamos la violencia de
los sentimientos impuros. Las emociones
deben estar sujetas a la inteligencia.
Los sentimientos deben estar bajo la protección del amor.
Como segundo paso deberemos deshacernos de la
costumbre de responder emocionalmente a las circunstancias, y desarrollar los
músculos de nuestro corazón y mente, aprendiendo a manejar tanto nuestros
sentimientos (guardarlos, expresarlos, manifestarlos, organizarlos, etc.) y
nuestros pensamientos (pureza, desapego, no egoísmo, justicia, inteligencia,
sabiduría, etc.).
La
sonrisa debe ser comprendida y controlada también. Una persona que sonríe espon-táneamente es
una persona que no ha comprendido la importancia de guardar sus sentimientos y
su mente. Puede sonreír emocionalmente,
por alegría ante algo o alguien, o bien, estar desprotegida por la ignorancia
y expresar sus sentimientos sin razonar ni considerar la situación en la que se
encuentra.
¿Qué
es la sonrisa? Es una expresión de
alegría, de apertura, de accesibilidad, de cercanía, de bienestar, de
sentimientos positivos, de victoria, de éxito, de supremacía. Puede ser lo uno o lo otro.
Difícilmente se encontrarán todas estas expresiones en una sola sonrisa.
¿Qué
hace de la sonrisa algo inadecuado? El
que la sonrisa no esté relacionada con ninguna de estas cualidades descritas la
hace inadecuada. La sonrisa no debe ser
desequilibrio, falta de dominio propio, insensibilidad en cuanto a las circunstancias
o sentimientos de otros, expresión de engaño, astucia, vileza, desprecio,
soberbia, egoísmo satisfecho, perversidad, impiedad … la sonrisa es inadecuada cuando no coincide
con nuestros sentimientos puros, honestos, amorosos, y nuestras circunstancias.
Debemos
hacer una diferenciación clara entre la sonrisa propia (cuando nos encontramos
solos) y aquélla que le mostramos a otros.
No está bien tener una sonrisa propia frente a otros que no comprenden
por qué estamos sonriendo. Si nuestra
sonrisa está dirigida a ellos, a sus acciones, palabras u otras cosas está bien
sonreír aunque ellas no comprendan por qué sonreímos, pero si la sonrisa está
ligada solamente a nuestros pensamientos o sentimientos ajenos a la persona con
la que nos encontramos, debemos abstenernos de sonreír por respeto a la persona
con la que nos encontramos.
Solamente en
relaciones estrechas, de cariño, aprecio, estima y amor, debemos sonreír frente
a esas personas, aunque nuestra sonrisa no se relacione con ellas (al tener
sentimientos ajenos a lo visible, evidente, y a ella(s)).
Cuando
estamos pasando por experiencias tristes y/o dolorosas, cuando estamos teniendo
problemas y/o conflictos con nosotros mismos o con otros, cuando no estamos
cómodos y/o de acuerdo con acciones de la persona a la que tenemos enfrente,
cuando estamos atravesando situaciones adversas debemos evitar sonreír. Solamente en circunstancias en las que tenemos
amor para las personas con la cuales estamos relacionándonos, como en el caso
de nuestros hijos o cónyuges o seres
queridos, podemos sonreír con la voluntad, con la mente o con los sentimientos,
comprendiendo que los estamos dirigiendo hacia ellos, dejando aparte nuestros
pensamientos o sentimientos en cuanto a las cosas que nos provocan malestar.
La
sonrisa como respuesta a cosas agradables es correcta, siempre que concuerde
con la estabilidad de nuestros sentimientos o circunstancias. Podemos sonreír al ver algo bello, al oir
algo que nos trae buenos recuerdos, al sentir algo lindo (el viento, una brisa,
el calor del Sol, un agradable sabor, etc.)
Cuánto sonreímos depende de nuestro temperamento, de nuestro carácter,
de nuestra madurez, de nuestra individualidad, de nuestra identidad.
Poniendo
atención a nuestra sonrisa podemos evaluar cómo estamos en todo esto: carácter, madurez, temperamento. Habiendo evaluado dónde nos encontramos y
habiendo decidido qué queremos, podemos sonreír controladamente. El hecho de no controlar nuestra sonrisa
define en qué etapa de crecimiento nos encontramos. No debemos temer ni afanarnos por forzar
nuestro crecimiento, tan sólo debemos tener conciencia del punto en el que nos
encontramos para no estar en peligro.
Es
egoísta e inmaduro, incorrecto y destructivo, sonreír con dolor y hasta buscar
risas y carcajadas para evitar afrontar una realidad cruda o difícil; de sufrimiento. Esto es equivalente a embriagarse o
drogarse. Es buscar sensaciones, lejos
de buscar fortaleza, apoyo, amor, ayuda, para resolver algo que necesita de madurez,
seriedad, involucramiento y fidelidad.
Es una tentación, muchas veces, forzar la sensación de alegría para autosugestionarse
y convencerse de que las cosas no son tan malas como realmente lo son, y
postergar cualquier posible solución.
Las consecuencias naturalmente son muy lamentables.
La
risa puede ser señal de gran maldad. El
soberbio ríe cuando se ha salido con la suya.
Ríe porque disfruta el mal que ha sufrido otro.
¡Qué tu risa
sea sin vergüenza ni mala conciencia!
¡Qué tu risa sea una expresión pura de alegría lícita y auténtica! Nuestra risa debe ser el suave y natural
fluir de una buena conciencia.
Una persona
fuerte puede estar muy bien a pesar de circunstancias desagradables en su vida,
y la sonrisa puede significarle hasta ánimo para olvidar los sucesos pasajeros,
y concentrarse en su identidad. La
sonrisa es una invitación para que las personas se acerquen y sientan la
aceptación que hay en nosotros hacia ellas.
La sonrisa significa seguridad: “Todo
está bajo control.”; “No hay nada de qué
preocuparse.”; “Estoy contigo, no temas.”; “Te amo, no importa lo que pase, estaré a tu
lado.”; “Voy a encargarme de todo, no te
aflijas.”; “Sé que tú no puedes, pero lo
haré por ti y para ti. Descansa.”
La sonrisa,
pues, no debe ser una señal de debilidad, sino una señal de accesibilidad. Indica fuerza, bienestar, amabilidad. Y una persona que sonríe, que no responde a
estos rasgos es una persona desequilibrada, débil, que puede hacerse daño a sí
misma, y puede hacerle daño a otros por estar alejada de la verdad.
No nos sintamos
mal por no poder sonreír; sintámonos mal por sonreír sin tener la capacidad de
darle el respaldo adecuado a esa sonrisa.
Sintámonos bien por poder ser honestos al no esconder nuestra realidad,
y humildes para aceptar nuestras circunstancias. Somos fieles al no pedir de las personas más
de lo que sabemos que pueden dar; y no esperar que nos ayuden, no haciéndolas
partícipes de nuestra tristeza o dolor.
Podemos adelantarnos y tener lista alguna explicación amable para que
las personas no se sientan culpables o rechazadas por no hallar sonrisa en
nuestros rostros. Podemos ver con
ternura y hacer una sonrisa sin mostrar los dientes, en señal de paz y conexión
con personas no imponentes, insistentes, impertinentes, exigentes que sólo se
acercan con inocencia y autenticidad.
Con aquéllas que no son comprensivas ni sensibles debemos ser fuertes y
debemos evitar el contacto, e incluso ser radicales y hasta groseros, si se
hace necesario, para dejar claro que no estamos disponibles. En el caso del teléfono o el timbre debemos
abstenernos de responder.
Y como todo en
la vida, las cosas se van desarrollando naturalmente. No forcemos, no evitemos. Entonces podremos disfrutar grandemente
sonreír con honestidad, alegría, fuerza, intensidad, transparencia, libertad y buena
conciencia.
Debemos
comprender que la sonrisa no es solamente una conexión externa con los
demás. La sonrisa es una expresión
interna que muchas veces hace una conexión externa. A esto se debe la extensión de este artículo. Profundicemos nuestro entendimiento para
ponerla a funcionar positivamente en nuestras vidas. Y comprendamos que las personas con buena
conciencia son las que tienen derecho a la risa y a las carcajadas.
¡Qué nuestra sonrisa sea una señal de verdad, de fuerza, de cercanía, de auténtica felicidad!
¡Qué nuestra sonrisa sea una señal de verdad, de fuerza, de cercanía, de auténtica felicidad!
“Una
actitud positiva quizá no resuelva todos nuestros problemas, pero molestará a
tanta gente que habrá valido la pena el esfuerzo.” Herm Albright
“No
se puede reprimir una buena carcajada,
como tampoco se puede reprimir la marea.
Ambas son fuerzas de la naturaleza.”
William Rotsler
como tampoco se puede reprimir la marea.
Ambas son fuerzas de la naturaleza.”
William Rotsler
"La risa es el cepillo que limpia las telarañas de nuestro corazón."
Mort Walker
La Sonrisa
A veces tierna.
a veces dulce,
a veces fuerte.
Ma acercas,
me abrazas,
me aceptas,
me enterneces.
Me comprendes,
me animas,
me entusiasmas,
me aseguras.
Sé que no es sólo emoción;
hay algo más,
una dulce canción
que acaricia mi corazón.
Siento que he volado,
y el cielo he tocado.
Me siento consolado.
Mi camino he reencontrado.
El camino es al amor;
aunque a veces haya dolor,
siempre regresaré al amor
y disfrutaré cada color
con su propio calor.
Quiero aprender de ti
y compartir lo mejor de mí.
A veces tierna,
a veces dulce,
a veces fuerte.
Sonrisa, como un rayo de Sol
que anula el frío y el dolor
con su dulce y fuerte calor.
Abrazo de Dios
que no nos permite vivir confundidos,
e impide que andemos perdidos.
Canciones:
Nat cole King: "Smile"
Tatiana: "A plena luz"